Zidane marcó dos goles de cabeza en la victoria de Francia sobre Brasil en la final del Mundial de 1998. Su atractivo aquí es también la sensación de que un mediocampo lleno de rivales puede ordenarse con un toque. Es octavo por control, invención y sus mejores actuaciones decisivas. Sus seguidores dirán que es demasiado bajo. La respuesta es la continuidad: premiamos la influencia sostenida durante muchas temporadas, además de las noches inolvidables. Si eligieras un jugador para una final y no para toda una época, podría subir varios puestos.

Fuente: FIFA.

Foto: Walterlan Papetti · CC BY-SA 2.0. Redimensionada y recomprimida; misma licencia.