Miyazaki es séptimo porque la animación compite en el mismo terreno artístico que el cine de actores. Empieza por El viaje de Chihiro (Spirited Away, 2001): su protagonista entra en una casa de baños del mundo de los espíritus. Observa cómo el trabajo y las pausas dan vida al lugar.
Ese mundo visual supera aquí a los descubrimientos íntimos de Varda. Bergman gana por intensidad psicológica. Si pesan más la imaginación espacial, la sensibilidad ambiental y la mirada infantil, Miyazaki puede alcanzar los tres primeros.
Fuente: BFI.
Foto: Natasha Baucas · CC BY 2.0. Redimensionada y recomprimida; conserva su licencia o condición original.
