Kurosawa queda segundo por unir acción clara y conflicto moral. Empieza por Los siete samuráis (Seven Samurai, 1954), donde unos guerreros defienden una aldea. Observa cómo el movimiento del grupo aclara la batalla sin borrar la distancia entre campesinos y combatientes.
Ese equilibrio entre espectáculo y humanidad lo sitúa por encima de Kubrick. Sus dramas contemporáneos amplían el caso más allá del cine de samuráis. Hitchcock gana por dirigir nuestra atención; si pesan más la empatía y el relato coral, Kurosawa puede ser el número uno.
Fuente: BFI.
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