Empieza por Toro salvaje (1980), que le dio el Oscar al mejor actor. Observa la tensión entre seguridad física e inseguridad: la agresividad resulta incómoda, no simplemente impresionante. La Academia también lo registra como ganador de reparto por El padrino II (1974). Son pruebas de papeles concretos, no puntos automáticos.
Supera a Washington porque valoramos algo más el detalle psicológico áspero de ese pico dramático que una presencia dominante. Day-Lewis gana arriba por transformar personajes contrastantes.
Foto: David Shankbone · CC BY 3.0. Optimizada; misma licencia.
